El sabio andino y la guerrera
Muchas veces veo la imagen de mi hija con la pureza que sólo la ternura de la infancia pueden imprimirle, su dulce rostro mirándome conmociona mi energía interior, surgen de la profundidad de mi espíritu nuevas formas de manifestarse y el brillo del sol se hace más intenso, cada amanecer fortalece mi armadura para enfrentar los avatares que surjan.
Es difícil separarme día a día de la pequeña gran presencia de mi emergente guerrera.
La tranquilidad me inunda cuando pienso que el amor que la rodea en mi ausencia emana a raudales del corazón del sabio andino.
Se dice que el paso los años trae la sabiduría a cuestas, mis recuerdos se remontan a mi infancia, cuando las preocupaciones del sabio eran terrenales y místicas, su corazón vivía unido a los Apus y a la Pachamama, y su consagración lo unía más a la naturaleza, a las fuerzas misteriosas y al cultivo de la tradición de sus ancestros.
Cuando la pequeña guerrera llegó a este mundo, blandiendo una sonrisa se abrió paso en el corazón del sabio, y su primera gran victoria fue la conquista de ese corazón tan negado a quienes por el guardaban adoración, veneración, admiración o amor.
Los primeros días de la pequeña guerrera no despertaron nada especial en el sabio, acostumbrado a contemplar el milagro de la vida en miles de criaturas, sin embargo le inquietó el primer signo de unión que pudo percibir, cuando la niña asió su pulgar y no quiso soltarlo. Cuando ella sonrió por primera vez, su mirada y sonrisa se dirigieron al sabio, él contemplaba a la niña y comprendió que su presencia no era casual, quizá asoció su llegada a la oportunidad de transmitir la tradición y tal vez vio en ella a su discípulo.
Desde aquel día, la dedicación, las enseñanzas y el amor que le prodiga sólo se puede comparar al amor paternal, él ha sentido el despertar del padre y ella se ha sentido más hija suya.
El sabio andino asegura muy convencido que la pequeña guerrera comprende sus mensajes y sorprendido por los progresos diarios de ella, agradece al Creador por la oportunidad de haber recibido la bendición de una nueva vida en la propia.
Gracias por todo, sabio andino, gracias por tu devoción por mi pequeña guerrera.

Meneame
del.icio.us